Etiqueta INCI de un cosmético natural con la lista de ingredientes

Cómo leer la etiqueta de tus cosméticos: guía INCI para Chile

Compraste una crema que prometía calmar tu piel y te dejó peor. Cambiaste de shampoo y ahora tienes el cuero cabelludo irritado. Probaste un limpiador «suave» que te dejó la cara tirante.

No es mala suerte, y tampoco es que tu piel sea rara. Es que la información que necesitabas estaba impresa en el envase, en letra chica y en latín.

En Monadonna llevamos años leyendo etiquetas antes de decidir qué entra a nuestro catálogo. Esta es la guía que nos habría gustado tener cuando partimos: sin alarmismo, sin listas del terror, y adaptada a lo que realmente encuentras en Chile.

Qué es el INCI y por qué está en latín

El INCI (International Nomenclature of Cosmetic Ingredients) es el sistema estandarizado con que se declaran los ingredientes cosméticos en casi todo el mundo. Por eso ves Aqua en vez de agua, Butyrospermum Parkii en vez de manteca de karité y Tocopherol en vez de vitamina E.

Parece diseñado para confundirte, pero en realidad es lo contrario: gracias al INCI, un producto comprado en Santiago, en Madrid o en Buenos Aires declara sus ingredientes exactamente igual. Una vez que aprendes a leerlo, no hay marca que te pueda esconder nada.

La regla de oro: el orden lo dice todo

Los ingredientes van en orden decreciente de concentración. Esto es lo más útil que vas a aprender hoy.

Si compras un producto que se vende como «crema de aloe vera» y el Aloe Barbadensis aparece en el puesto doce, después de los conservantes, estás comprando agua con perfume y una gota de aloe.

Dos detalles que conviene saber:

  • Bajo el 1% de concentración, el orden deja de ser obligatorio. Como referencia práctica: los conservantes, colorantes y fragancias suelen estar bajo ese 1%, así que todo lo que aparece de ahí en adelante está en cantidades mínimas.
  • Los primeros cinco ingredientes son, en la práctica, el producto. El resto es matiz.

Los 7 ingredientes que conviene mirar de cerca

1. Sulfatos — Sodium Lauryl Sulfate (SLS), Sodium Laureth Sulfate (SLES)

Son los detergentes que hacen la espuma abundante que asociamos con «está limpiando bien». El problema es que limpian de más: arrastran los lípidos naturales que mantienen la barrera cutánea funcionando.

Si tienes piel sensible, rosácea, dermatitis o cuero cabelludo reactivo, este es probablemente el ingrediente que más te está afectando. Y es también el más fácil de eliminar, porque hay alternativas buenas en todos los rangos de precio. Si no sabes por dónde partir, revisa nuestra guía de cómo elegir tu limpiador facial según tu tipo de piel.

2. Parabenos — Methylparaben, Propylparaben, Butylparaben

Acá conviene ser preciso, porque es donde más desinformación circula. Los parabenos son conservantes, y sin conservantes un cosmético con agua se contamina con hongos y bacterias en cuestión de semanas.

Lo que sí es cierto: el propilparabeno y el butilparabeno están bajo revisión regulatoria por su posible actividad como disruptores endocrinos, y la Unión Europea les fijó límites de concentración más estrictos. Lo que no es cierto es que todo parabeno sea peligroso: el metilparabeno en concentraciones cosméticas es de los conservantes más estudiados que existen.

Nuestra posición: no los demonizamos, pero preferimos fórmulas que resuelven la conservación de otra manera.

3. Liberadores de formaldehído — DMDM Hydantoin, Imidazolidinyl Urea, Quaternium-15

Estos conservantes funcionan liberando formaldehído de a poco. El formaldehído está clasificado como carcinógeno por la IARC —principalmente por exposición respiratoria ocupacional, no por una crema— pero es además un sensibilizante de contacto potente.

Traducido: es una de las causas más frecuentes de dermatitis alérgica por cosméticos. Si te salen reacciones y no sabes por qué, revisa esta familia primero.

4. Fragancia — Parfum / Fragrance

Esta palabra es una caja negra. Una sola línea que dice Parfum puede esconder decenas de compuestos, porque la fórmula de fragancia está protegida como secreto industrial.

Es la razón número uno de reacciones alérgicas en cosmética. Si tu piel es reactiva, «sin fragancia» te va a servir más que cualquier otro filtro.

5. Siliconas — terminaciones -methicone, -siloxane

Dan esa sensación de suavidad inmediata, y hay que decirlo: funcionan. No se absorben ni penetran la piel.

El reparo real es otro. Primero, que enmascaran: sientes el pelo sedoso sin que el pelo haya mejorado. Segundo, y más serio, es ambiental: algunas siliconas cíclicas (D4, D5) son muy poco biodegradables y están restringidas en Europa por su persistencia en el ambiente.

Donde más se nota es en el cabello, porque la silicona se acumula lavado tras lavado y solo un sulfato tiene la fuerza para sacarla — un ciclo que explicamos en shampoo sin sulfatos ni siliconas.

6. Aceites minerales — Paraffinum Liquidum, Petrolatum, Mineral Oil

Otro donde hay que matizar. El petrolato de grado cosmético es altamente purificado y es, de hecho, uno de los oclusivos más seguros y eficaces que existen —en dermatología se usa justamente para reparar barrera.

Lo que sí es real: son oclusivos y no aportan nada nutritivo. Un aceite vegetal bien elegido aporta ácidos grasos, antioxidantes y vitaminas. El aceite mineral solo sella. Si estás pagando por un tratamiento, estás pagando por sellado.

7. Filtros solares químicos — Oxybenzone (Benzophenone-3), Octinoxate

La oxibenzona ha mostrado actividad hormonal en estudios y está prohibida en varios destinos —Hawái, Palaos— por su impacto en arrecifes de coral. Hay filtros minerales (óxido de zinc, dióxido de titanio) que protegen igual de bien sin ese reparo.

Tres mitos que conviene desarmar

Acá vamos a contradecir cosas que probablemente leíste en otros blogs de cosmética natural. Incluidos, honestamente, algunos artículos nuestros de hace unos años.

«La piel respira y las siliconas la asfixian.»
La piel no respira por los poros. El oxígeno le llega por el torrente sanguíneo. La oclusión existe y puede favorecer comedones en pieles con tendencia acneica, pero el mecanismo no es asfixia. Si un artículo te dice que tu piel se ahoga, desconfía del resto.

«Natural es sinónimo de seguro.»
Los aceites esenciales son 100% naturales y están entre los alérgenos de contacto más frecuentes en cosmética. El limoneno y el linalol, presentes en aceites cítricos y de lavanda, son de declaración obligatoria en la UE justamente por eso. Natural describe un origen, no un nivel de seguridad.

«Químico es malo.»
El agua es un químico. La vitamina C es un químico. Todo lo que existe es un químico. Lo que importa es qué molécula, en qué concentración y para qué piel — no si suena a laboratorio o a jardín.

Nos importa decir esto porque el marketing del miedo vende mucho, y nosotros preferimos que compres entendiendo.

Cómo aplicar esto en Chile

Algunas cosas de nuestro contexto que las guías españolas no consideran:

El sol acá es más intenso. Chile tiene de los índices UV más altos del mundo, especialmente en el norte y en altura. Si vas a priorizar un solo cambio en tu rutina, que sea el protector solar — y si tu piel es reactiva, en versión mineral.

Santiago suma contaminación. Las partículas se depositan sobre la piel y generan estrés oxidativo. Acá la limpieza de la noche no es opcional, y los antioxidantes rinden más que en otros climas.

En invierno todo se multiplica. Con calefacción seca tu barrera cutánea ya está trabajando de más, así que un limpiador con sulfatos hace bastante más daño en julio que en enero. Lo desarrollamos en cuidado de la piel en invierno.

Registro sanitario no equivale a «libre de». Los cosméticos en Chile se registran ante el ISP, pero ese registro certifica que el producto puede comercializarse — no que esté libre de sulfatos, siliconas o fragancia. Esa lectura sigue siendo tuya.

«Dermatológicamente testeado» no significa nada específico. No es una certificación con estándar único. Puede significar que se probó en un grupo pequeño sin reacciones. No te dice qué contiene.

Deja de buscar qué evitar y empieza a buscar qué sí

Leer etiquetas con lista negra en mano es agotador, y además te deja eligiendo por descarte. Da mejor resultado saber qué quieres encontrar:

  • Para limpiar: tensioactivos suaves (Coco Glucoside, Decyl Glucoside) en vez de sulfatos.
  • Para hidratar: glicerina vegetal, ácido hialurónico, aloe vera alto en la lista.
  • Para nutrir: aceites vegetales con nombre y apellido (Argania Spinosa, Rosa Canina, Simmondsia Chinensis).
  • Para proteger: antioxidantes reales — Tocopherol, extracto de té verde, vitamina C estabilizada.

Cómo se ve esto en la práctica

Tres cambios concretos, en orden de impacto:

Empieza por la limpieza. Es el producto que más contacto tiene con tu piel y el que más daño hace cuando está mal elegido. El Gel Micelar de Aloe Vera y Té Verde es un buen punto de partida: sin silicona, sin alcohol y sin parabenos, vegano y cruelty-free, a $12.490. Si prefieres textura emulsión, el Purifying Cleanser de Enriqueta Solari limpia sin dejar sensación tirante.

Después, el desmaquillante. Si usas maquillaje, el Agua Micelar Detox está formulada con flor de almendro y glicerina vegetal, y trabaja específicamente sobre las partículas de contaminación — relevante si vives en Santiago.

Al final, el tratamiento. Es donde más plata se pierde en fórmulas que no aportan. Si vas a invertir en un serum, que sea uno donde los activos estén arriba en la lista, no de adorno.

Compra tranquila: todos nuestros productos tienen garantía de 30 días si tu piel no responde, y el despacho es gratis en compras sobre $45.000 a todo Chile.

Tu neceser no se cambia en un día

No tires todo lo que tienes. Terminar lo que ya compraste y elegir mejor la próxima vez es más sensato —y más sustentable— que partir de cero.

Empieza por un producto. El que más uses, o el que sospechas que te está molestando. Lee su INCI con lo que aprendiste acá. Después sigues con el siguiente.

Eso es autocuidado con propósito: no comprar más, sino comprar entendiendo.

👉 Mira lo que tenemos disponible ahora — cada marca que vendemos pasó por esta misma lectura antes de entrar.

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